El vínculo terapéutico se va nutriendo en el marco de un encuadre, o acuerdo respecto a lo que delimita la terapia (fecha-hora/lugar/confidencialidad), que es lo que precisamente permite que sea un espacio seguro y previsible en su forma, para que la persona deposite su confianza y dinámicas relacionales, y de ahí emerja el cambio.

Es una relación "asimétrica" en el sentido de que el/la psicólogo/a puede estar en un rol de profesional, con herramientas, técnicas y una disposición de  poder acoger y ofrecer. Eso no implica que no sea humano/a ni que sea superior, sino que puede permitirse asumir ese rol para que sea de utilidad. Sin embargo, aún siendo yo experta en acompañar, el experto/a y dueño/a de su propia vida es quien viene a terapia.

Es importante aún así para quien ejerce esta profesión y aquellas que implican ayuda, ser conscientes de las dinámicas de poder que ésta asimetría puede implicar si no se va modulando adecuadamente siempre en pro de movilizar los recursos propios de la persona.

Desde el primer trabajo que asumí con jóvenes en riesgo de exclusión social, hasta los últimos años enfocados más al trauma fruto de las violencias que atraviesan a las mujeres,  he podido ver cómo la división rígida entre el ámbito clínico/social/y educativo es un tanto artificial si de lo que se trata es de acoger e intentar comprender a un ser humano.

Si este ser humano además se encuentra en riesgo de aislamiento/estigmatización social o familiar,  o vive algún nivel de opresión, precariedad o dificultad añadida que condicione aún más su construcción del sentido de libertad (proceso inherente al ser humano), como puede ser por sexo, estereotipos de género, sexualidad, clase, etnia, condición de migrante, etc... tenemos los ingredientes perfectos para sentir que el acceso a los recursos internos emocionales pueda estar nublado.

Pero también los tenemos para tocar fondo (fondos) y desarrollar la resiliencia.

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En la atmósfera social y global en la que tiene lugar la terapia, se respira actualmente un continuo flujo de necesidades, privilegios y opresiones que implican que no todo el mundo parta de la misma línea de base, y es imporante en esta profesión ser conscientes y a veces ayudar a nombrar cómo eso se filtra en la propia terapia o lo que se trae a ella.

No puedo albergar la idea de psicología separada de fuentes y compañeras como el arte y la filosofía, ni desconectada de brújulas necesarias que te ayuden a tocar tierra, como puede serlo el feminismo y las fuentes culturales y sociológicas que te puedan prevenir del relativismo pasivo ante el abuso o la injusticia social. Asímismo, la supervisión y formación periódicas y la coordinación interdisciplinar, son piedras angulares de mi práctica.

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