Entre la libertad y el miedo..., (capítulo I).

¿Se puede ser valiente si no se siente el miedo? ¿eres más libre si no lo sientes?


Nos puede resultar útil saber de dónde vienen los miedos, ponerles cara, medirlos, nombrarlos... Y así ver si son miedos de los adaptativos, de los que nos han acompañado desde el principio de los tiempos para sobrevivir, y que saltan como un resorte desde la amígdala para avisarnos de posibles peligros,y luego se van, o bien si son miedos que se han instalado en nosotras/os demasiado tiempo, o bien porque se han quedado como acompañantes o invitados que se resisten a marcharse, o mensajeros que sienten que su mensaje no ha sido recogido, ... o bien porque en nuestra historia de vida hemos necesitado un sensor especialmente afinado para detectar peligros, o bien nos hemos narrado a nosotras mismas/os desde una infravaloración de lo que podemos hacer.


En todo este viaje, cada persona, en función de las opresiones, discriminaciones, violencias vividas...y a su vez, en función de los ánimos recibidos y la fe que en ella hayan puesto las personas de su alrededor (al menos una, pero si pueden ser más mucho mejor...), en su familia y en la sociedad, tendrá un sistema de alertas diferente y una relación con sus miedos también muy diversa.


¿Sientes que tienes permiso para hablar de lo que te da miedo? ¿o de ti se espera que puedas con todo y lo que es más, sin titubear? ¿te lo exiges tú? ¿sientes que hay alguien cerca de ti a quien confiar lo que más temes?,


No hace muchos años, hubo una campaña contra la violencia machista que decía: "Al volver a casa, quiero ser libre, no valiente", y es que la exigencia o tesitura de tener que ser valiente para cosas cotidianas restringe la libertad en el sentido de que muchos de tus recursos emocionales y materiales los debes enfocar a protegerte. Energía y atención que se enfocan en los peligros, en vez de en las posibilidades. La violencias que engendran el machismo, el racismo, la homofobia, ...y la aporofobia (aunque de ésta hablaremos más otro día, pues está mucho más camuflada pero siempre ha existido...), entre otras, son fenómenos estructurales que históricamente han dictado la relación que unos colectivos y/o individuos pueden o no tener con el miedo.


Y lo mismo con las desigualdades de poder dentro de las familias, o los odios enquistados, así como las violencias silenciadas, que han podido (siempre dependiendo de los ingredientes que se dieran en cada caso), desajustar las alertas de una persona, haciendo que, o bien vaya de cabeza a donde le van a hacer daño, o bien que esté acorazada y no deje que nada le toque.


En la medida en la que una persona sea libre de poder enfrentarse a los miedos, veremos si está en una situación justa socialmente. Pero si no te queda otra opción para sobrevivir, no es una cuestión ya de elección. Ahí la libertad ya no está navegando en los límites intrínsecos que forman parte de ella, y que tienen que ver con respetar a los/as demás y que tus actos no dañen, sino que efectivamente la libertad se ve coartada por la necesidad de concentrarse primero en sobrevivir.


Por éso muchas personas ven como un lujo el pararse a tener miedo y mirarlo a la cara, han necesitado, sobre todas las cosas, buscar la manera de no estar experimentándolo constantemente y poder vivir. Sólo cuando ya no hay que estar tan al acecho, y cuando hay un espacio y condiciones materiales concretas para sentir que estarás a salvo, se puede parar y mirar cara a cara a esó que a veces se nos mete dentro y conecta con lo que más indefensión nos genera.


Se trata de una coreografía entre valor y libertad en la que los traumas, que pueden ser descritos como heridas o interrupciones abruptas y sobrevenidas en una historia de vida, en la narración fluida de un relato..._ ya sean personales, sociales o históricos, o los tres a la vez_ y la posibilidad que hayas tenido de abordarlos, influirán en tu conexión íntima con esa brújula y sistema de alarma que nos permite vivir;

si estamos conectadas a esa brújula, al menos en la mayor parte del tiempo o de nuestras dimensiones o capas, podremos vivir con los ojos abiertos y "sintiendo", con un equilibrio más o menos ajustado (o apañado al menos según las épocas, no busquemos un 10!) entre protección y exposición, entre escudos y ventanas, entre máscaras y transparencia. Si el miedo se instala y no lo nombramos o nos atenaza... esas máscaras pueden fundirse en nosotras/os y nos costará "ser".


...¿sientes que estás en contacto contigo, o las máscaras pesan demasiado?








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